Alatriste

Mi nombre es Francisco de Quevedo. No, no pido que lo conozcas. Todos los que lo han oído tienen la decencia de huir a su paso, así que me resulta incluso ventajoso este desconocimiento para poder contar esta, la historia del capitán Alatriste.

Lo conocí en algún rincón del siglo XVII, época que algunos etiquetarán erróneamente como Siglo de Oro. Digo erróneamente porque, a estas alturas de la línea cronológica y al contrario que en tiempos venideros, poco o nada tienen que ver el Oro y el Arte. Pero, en fin, nada importa eso ahora.

Decía que lo conocí ya hace muchos años. Echando cuentas, sospecho que por aquel entonces tú todavía gateabas. Ya era entonces un hombre recio, de esos que en la corte llaman “de mala muerte”. He tenido la suerte de escribir sobre la parca reiteradamente y puedo decir ya, en estas postreras horas de mi vida, que de mala nada tiene. Y menos cuando Diego, en una de sus fantásticas maniobras, es capaz de abrazarla con suave ternura.

Esto es, precisamente, lo que a la gente más asusta, su facilidad para convivir con ese esperpento que algunos temen más que a la propia vida. Déjame insistir en que yo, que ahora convivo a diario con ella, he aprendido a amarla gracias a la capacidad que él tuvo de mostrármela, contoneándose ante mí como una de esas chicas de burdel nocturno.

Mató a gente. Nadie va a negarlo ahora. Fue, en ocasiones, un hombre malo. Pero nadie lleva la maldad a cuestas. La maldad es un estado que te atrapa, como una arácnida tela, por un instante. Y es en ese instante cuando hay quien recula (cobarde como soy, inclúyeme en este pelotón) y hay quien da un paso al frente. Él pertenecía a este último grupo. Sin embargo, hay algo que lo diferencia del resto de sus integrantes. Nunca dio ese paso por nada que no fuese honor.

Y, ¿qué decir de su espada? Yo, que alguna vez intenté empuñar alguna con más pena que gloria, viví años intentando imitar el estilo desgarbado del capitán Alatriste. Mas ninguna presa anduvo tan lejos de mi capacidad como aquella.

También en ocasiones, aunque sean estas las menos, Diego tuvo la fortuna de amar. Pero, ¡ay, amigo! En este aspecto la valentía no estaba entre sus puntos fuertes, y se puede decir con tristeza que abundaron los fracasos. Pero él se levantaba, con el resurgir vigoroso del soldado, y afrontaba la vida fingiendo que nada le rompía el corazón.

Al que más amó, me atrevo a asegurar que casi tanto como a ti, fue al señorito Íñigo, el hijo de un antiguo pero noble amigo, quien, a pesar de las innumerables cuitas por las que atravesaron, vio en Alatriste poco menos que a un padre. No me cabe duda, y de esto no me doy cuenta sobre estas líneas, de que ese muchacho y, probablemente, tu recuerdo, le mantuvieron con vida en incontables ocasiones.

Sirvió a su país con destreza aunque con mala suerte. No me atrevería a definirlo como un patriota, pero sí como alguien que amó su patria. Poco le importó si contra el Turco. Poco le importó si en Flandes. Él arriesgaba su vida como quien se sabe poseedor del naipe exacto. El resto lo admiraban y, como yo, intentaban imitarlo. Ellos, al contrario que yo, no arrastraban cojera alguna, mas el resultado terminaba por ser igual de infructuoso.

No pretendo nada con esta carta que a él no le hubiera gustado que ocurriera, ademas me consta que quiso enviarte alguna parecida tiempo atrás. También sé que no la hubieras leído, rompiendo al instante su palabra y, por ende, eso que en él no se llama corazón. Espero que, por gracia divina, sí seas capaz de leer estas humildes frases para que, así, puedas conocer mejor a tu padre.

Él te amó, por mucho que tú no lo creas. Y es una de las pocas personas que conozco capaz de hacerlo esperando algo triste a cambio. Y quién me iba a decir a mí cuando lo vi por primera vez, tan desafiante y altivo, que eso que esperaba era destruirse la vida. Todo para que no aprendieras de él.

En fin, sin más me despido. En esta torre hace frío, y no están los recuerdos como para calentar el alma.

Un abrazo, querido.

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2 pensamientos en “Alatriste

  1. Pingback: Alatriste | yofumoenpipa

  2. Casi todas las semanas pasaba por aquí esperando encontrar otra narración. Y por fin, aquí la tenemos. Muy grande.

    Un saludo y sé que para escribir lo primero que hay que tener son ganas, pero espero que el próximo llegue antes que este porque hay que decirlo, me encanta.

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