La foto del día (6/12/2016)


Una señora contempla absorta la sonrisa artificial de unos señores. Como para disfrazar la artificialidad, todos ellos parecen saludar a la nada sin agitar demasiado el brazo (este Cortefiel no se paga solo [o sí, pero no ha de parecerlo]). Las bocas trazan siluetas que pretenden pasar por sonrisas, gesto que recuerda a un pase de cine matinal, funesto y necesario. El paisaje parece idílico, una especie de montaña quijotesca adonde acude la pastora Marcela para satisfacer nuestras pasiones bucólicas. Y digo “parece” en lugar de “es” (verbos copulativos, matices) porque el idilio con la naturaleza se difumina bajo los zapatos de gamuza que calzan los protagonistas. 

Los brazos levantados, todos derechos excepto uno, exhiben una suave tristeza, como si aquello no fuese con ellos. No ocurre lo mismo con los brazos de la mujer, que dibujan una figura férrea sobre el azul pupila becqueriana de su traje. Y digo que no ocurre lo mismo porque esa férrea figura parece lo único natural entre tanto artificio. De hecho, el verbo “parecer” del último enunciado (o sinónimos) se pasea por el texto varias veces, tal es la relación entre la “apariencia” y la “naturaleza de la foto”. Cuando los fotógrafos se hubieron marchado, dicen, ella seguía allí.